Aprender a Cooperar, Cooperar para Aprender

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APRENDER A COOPERAR, COOPERAR PARA APRENDER, por Psic. Janice Ferrand, Sub Directora Fundación ELIC, Perú                                                                                                                    

La misión de los educadores no es sencilla. En esta compleja tarea que asumimos los docentes, junto con los padres de familia, intentamos brindar lo mejor de nuestra experiencia; sin embargo, diversos factores como la falta de tiempo, el desconocimiento, la impaciencia, el cansancio, la ansiedad y la tendencia a replicar modelos educativos del pasado nos llevan a caer en un sistema punitivo, prejuicioso y, claro está, obsoleto para estos tiempos. 

Afortunadamente, hoy en día las neurociencias, la psicología, la psicopedagogía, entre otras ciencias humanistas, nos brindan luces respecto a cómo orientar y formar a nuestros niños. Está comprobado que los procesos de enseñanza-aprendizaje-formación funcionan mejor en ambientes comprensivos, donde se evite prejuiciar y ser punitivos. Esto que señala la Fundación ELIC, Escuelas Libres de Investigación Científica para Niños, se aplica tanto en la escuela como dentro de la familia. 

Explicar y escuchar 

Arrastramos la idea errónea de que la conducta puede ser modificada a base de castigos y amenazas, pues desconocemos el impacto que este tipo de respuestas tiene en la salud emocional a corto, mediano y largo plazo. Lo cierto es que una conducta modificada por temor no genera una transformación real en la persona, sino desencadena rebeldía, oposición, resentimiento, sed de venganza y hasta violencia. 

Entonces, para educar en lugar de imponer, debemos hacer un esfuerzo por explicarles a los niños (aunque no lo entiendan todo), y tomar en cuenta sus opiniones en las propuestas y decisiones. Esto permite que “capten las intenciones, que se sientan considerados como seres inteligentes, que incrementen su autoestima y que se esfuercen por comprender”, dicen la Cont. María Nilda Cerf Arbulú y el Lic. José Miguel Esborronda Andrade en su libro Educación para el Talento y la Paz.

Por el contrario, si les imponemos las cosas, los aislamos o nos mostramos faltos de tiempo, irritados o fastidiados, podría suceder lo que señala la Fundación ELIC: “Tratarlos como incapaces de entender, los predispone a la inseguridad y les hace sentir desamor”;mientras que“tratarlos como si entendieran, los predispone a la comprensión y los llena emocionalmente”. 

Así pues, hay que “satisfacer su inteligencia con explicaciones a su alcance, pero nunca falsas”,refiere el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière.Esto impacta en la vida afectiva-emocional del niño, ya que si “se le imponen los límites se siente rechazado, mientras a aquel que se le explican las razones sobre los límites se siente comprendido. Un niño sin disciplina es un niño que no se siente amado” (Educación para el Talento y la Paz).

Participación activa

En ese sentido, cuando hablamos de cooperación, nos referimos a incluir a los niños en la solución de problemas y búsqueda de alternativas que favorezcan la convivencia, convirtiéndolos en agentes activos del cambio. Recordemos que la cooperación, rasgo típicamente humano que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar como especie, aún no ha logrado ser asimilado por los sistemas educativos. La educación es, per se,un fenómeno social, pero se está atendiendo como un fenómeno individual; es decir, persisten propuestas educativas que refuerzan la competitividad desde edades tempranas.

Por lo tanto, para favorecer espacios cooperativos, primero hay que prestar atención y trabajar la calidad en el vínculo con nuestros niños, que debe basarse, por un lado, en la empatía –que significa reconocer, tomar en cuenta y valorar su vida afectiva-emocional– y, por otro lado, en la asertividad, que viene a ser “la lógica relación entre las palabras y los actos de los adultos, la congruencia entre lo que observa y vive el niño” (Educación para el Talento y la Paz).

Necesitamos generar espacios de diálogo en un ambiente comprensivo, con una mente abierta, libre de prejuicios, que se refleje en nuestra forma de hablar, tono de voz, gestos y expresiones. Cuando el estado mental y emocional no es el óptimo, es preferible buscar otro momento para dialogar con nuestros hijos; de lo contrario, esta posibilidad puede verse truncada antes de haberla siquiera iniciado. 

Es fundamental que los niños participen activamente del establecimiento de las normas de convivencia en el hogar y la escuela, siempre agradeciéndoles por su capacidad de escucha, comprensión, buena voluntad, y motivándolos a seguir haciéndolo. Asimismo, la cooperación permite que desarrollen un mayor sentido de responsabilidad al pensar en beneficio de los demás, su entorno y la sociedad.  

Como vemos, nos enfrentamos a grandes desafíos educativos que demandan reformas profundas, por lo que la Fundación ELIC viene aportando desde 1977 en este sentido a través de sus programas educativos y sus Congresos Mundiales para el Talento de la Niñez, con el propósito de formar el Talento de los niños para la Tolerancia, la Verdad y la Paz. 

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